Se venden carteles para corazones

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Fallo de guión

   Decidió escribir sus memorias, pero apenas recordaba algunos fragmentos borrosos. Le faltaban datos de esto, de aquello, de lo de más allá, de lo de más acá. Aún así continuó en su empeño, y optó por cubrir los espacios vacíos con los hechos que, según él, deberían haber sucedido. Sin embargo, y a pesar de redactar varias versiones, en ninguna de ellas terminaba siendo escritor. Molesto ante tal falta de coherencia, e incapaz de reconducir su propia vida, continuó, como siempre, escribiendo la de otros.


Vidas multidisciplinares

   Él sostenía que era mucho más que un físico y que estaba harto de calcular probabilidades. En realidad, lo único que demandaba era un poco de literatura, pero ella se había cansado de la misma historia y soñaba ya con otras geografías.


Retórica del Lobo

   Hay miedos que se esfuman solo con nombrarlos, dejando apenas un rastro tenue. Otros, se agarran a las vísceras del alma y resultan muy difíciles de extirpar. El miedo al miedo es, tal vez, más común de lo que pensamos, pero el peor de todos —continuó él, acercándose aún más a una Caperucita confiada en sus palabras— es el que desaparece por completo.
  

Inventario de las cosas que no te dije

   1. Te sienta bien la camisa azul.
   
   2. La primera vez que te vi fingí indiferencia.

   3. Desafinar no es una virtud.

   4. Hablar contigo antes de dormir me hace feliz.

   5. Aunque debamos despedirnos, sé que te quiero.


Límites

   Lindo al Norte con tu impaciencia y con mis miedos; al Sur, con mis expectativas y las tuyas; al Este, con lo que podría haber sido y nunca fue; y al Oeste, con todo lo que no puedo evitar. Pero en el interior de mi parcela, mando yo.

Despeja la equis

Uno más uno, son dos. 

Dos más uno, son multitud. 

Tres más uno da lugar a un aparente equilibrio que se rompe si a cuatro le restas uno. 

Tres menos uno es una soledad de dos. 

El resultado de restar uno a dos, es siempre una incógnita.


Códigos

   Se entendían a su manera. En medio del bullicio de los otros, apenas hablaban porque sabían de la inutilidad de las palabras. Sus conversaciones estaban llenas de silencios, pero también de gestos y miradas suficientes para transmitir cualquier mensaje. Los demás, ajenos a esos signos, no comprendían nada: ni el diálogo, ni a ellos. 

Blanco y en botella

   Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre, porque no hay mal que por bien no venga, ni mal que cien años dure, pero es que al pan, pan, y al vino, vino, porque no todo el monte es orégano y bien está lo que bien acaba.


Hilando fino

   Cuando Ulises regresó, Penélope abandonó las agujas e hizo la maleta. No tardaré —le aseguró—, y salió dando un portazo. Después de aquel día, su marido se convirtió en el mejor tejedor de la zona.